lunes, 31 de enero de 2011

Biculturalismo y la realidad puertorriqueña

En su reciente visita a España, y ante una pregunta sobre las posibles desventajas de la anexión de Puerto Rico a los Estados Unidos, el gobernador Luis Fortuño dijo a la periodista Verónica Calderón del periódico El País que: “…somos Estados Unidos desde 1898, ciudadanos norteamericanos desde 1917 y más de la mitad de nuestra población reside en los 50 estados. Y seguimos siendo lo que somos, estadounidenses y biculturales”. Tal vez confundida por el entuerto de la respuesta o quizás simplemente por curiosidad, la periodista preguntó si los puertorriqueños somos latinoamericanos o estadounidenses. La respuesta del mandatario fue que somos “boricuas, hispanos y americanos” y de paso le preguntó a la periodista -como para enfatizar nuestra bipersonalidad- si ella quería más a su madre o a su padre. La periodista optó por cambiar de tema.

El intercambio no tendría mayor importancia si no fuera porque expuso internacionalmente el desconocimiento sobre nuestro ser nacional que sufre la persona que nos gobierna desde 2009. El biculturalismo no es una cualidad a la que se llega por vías de la conveniencia económica para promover un destino de inversión. Mucho menos se obtiene por el anhelo de cambiar un status político.

El biculturalismo es una realidad sociológica de pueblos que por su experiencia histórica integran grandes poblaciones de diferente extracción cultural. Entendiéndose que la cultura es el conjunto de costumbres, prácticas, códigos, normas, maneras de ser y sistemas de creencias que identifica a unas gentes.

En países como Canadá, Nueva Zelanda o África del Sur el biculturalismo es una realidad que garantiza la convivencia pacífica de dos culturas incapaces de integrarse. Generalmente las experiencias biculturales parten de la dificultad para integrar creencias religiosas o diferencias lingüísticas que pueden provocar tensiones entre grupos poblacionales. En muchos casos al estado no le queda otro remedio que reconocer formalmente ambas culturas para minimizar los conflictos.

El contexto que acabo de describir, no corresponde a la realidad puertorriqueña. Los puertorriqueños no somos biculturales. La cultura puertorriqueña es el producto de más de quinientos años de historia, luego de la colonización española. Tomó casi trescientos años definir los rasgos de nuestro carácter cultural que vino a cuajarse en el siglo XIX, mucho antes del tan señalado 1898.

Los puertorriqueños somos un pueblo caribeño de rasgos eminentemente latinoamericanos. Compartimos con el resto de Iberoamérica una historia, un idioma, unas costumbres y una fe religiosa. Nuestra cultura se ha nutrido de la presencia de diferentes razas, incluyendo a partir de 1898 a los Estados Unidos. Pero la esencia y cultura del pueblo puertorriqueño es claramente distinguible de todas las que nos influencian.

A Estados Unidos nos une una realidad política y desde 1917, la ciudadanía. Al igual que en el caso de la cultura hispanoamericana, los puertorriqueños hemos hecho importantes contribuciones a la cultura estadounidense. Pero de ahí a proclamar nuestro biculturalismo hay un gran trecho.

Preocupa mucho descubrir que el Gobernador desconoce nuestra realidad. Preocupa más si conociéndola, pretende borrarla de golpe simplemente porque ante ella se ponen de manifiesto los obstáculos para la anexión que tanto defiende. Quizás la única esperanza que pueda quedarles a los partidarios de la estadidad es que Estados Unidos algún día se reconozca como una nación multicultural y decida entonces aceptar un estado hispanoamericano como sería Puerto Rico.

Si nuestros gobernantes no pueden reconocernos como somos, mucho menos podrán encontrar soluciones a nuestros problemas. Es decir, pueden ostentar el poder pero no pueden gobernar. Defender y afirmar la cultura puertorriqueña no es inseguridad colectiva. Es saber quién se es. Es no tener complejos. Es el instinto que tienen todos los pueblos del mundo de preservar su esencia, aún dentro de las realidades de la globalización.

Reinterpretar la realidad acomodaticiamente es deshonestidad. Es la misma falta de honestidad que les impulsa a promover soluciones al status político mediante la exclusión de sectores importantes del pueblo puertorriqueño. Si lo que se quiere es provocar interés en Puerto Rico como destino económico ya es hora que se demuestre la seriedad que requiere la competencia internacional.

lunes, 24 de enero de 2011

¿Después de Farinacci qué?

jueves, 20 de enero de 2011

La renuncia de Farinacci

domingo, 9 de enero de 2011

Cambios en el gabinete de Fortuño

lunes, 6 de diciembre de 2010

El fantasma de otra huelga

La situación prevaleciente en la Universidad de Puerto Rico es altamente preocupante. A menos de seis meses de haber concluido una huelga estudiantil que lo paralizó por 62 días, el principal sistema universitario del País enfrenta nuevamente el fantasma de otro paro. En esta ocasión el impasse lo produce la determinación de la Junta de Síndicos de añadir a los costos de matrícula una cuota especial de $800.

Como es natural, una inmensa mayoría de los estudiantes se opone a la cuota. La Junta de Síndicos, por su parte defiende la cuota especial aduciendo que con el estimado de recaudos de la misma, la UPR ha garantizado una línea de crédito de $100 millones para cubrir gastos operacionales.

A diferencia del pasado conflicto esta vez el estudiantado parece estar dividido en cuanto a las estrategias para combatir las decisiones de la administración. Las asambleas de estudiantes llevadas a cabo en los diferentes recintos van revelando la fragmentación del cuerpo estudiantil ante otra huelga.

En el Recinto de Río Piedras 1,783 estudiantes reunidos en una tensa asamblea, decidieron un paro de 48 horas que deberá comenzar mañana y un paro indefinido a partir del 14 de diciembre, si la Junta no desiste de la cuota. Sus contrapartes de Mayagüez decidieron oponerse a la cuota, a la vez que rechazaron ampliamente la posibilidad de otra parálisis académica a menos de un mes de que concluya el semestre. La postura de los dos recintos principales recoge a grandes rasgos la del estudiantado del resto del sistema.

El asunto se complica ante la probatoria en que la Middle States Commission on Higher Education mantiene a 10 de los 11 recintos universitarios. Una nueva interrupción prolongada de las clases no sería razón para la pérdida de acreditación, pero tendría el efecto de agravar el señalamiento de ingobernabilidad que hace años viene afectando los procesos acreditadores en la UPR. La acreditación es la puerta para el reconocimiento por la comunidad académica global de los grados concedidos en la Universidad. Es una fuente de prestigio académico.

La Legislatura de Puerto Rico aprobó legislación para que el 10% de los ingresos generados por la Lotería Especial nutra un fondo de becas para cubrir el costo de la cuota a los estudiantes que no reciben la Beca Pell. Se estima que este fondo generará unos $35 millones. Igualmente el Gobernador ha prometido que los recaudos del nuevo impuesto del 4% a la industria farmacéutica formarán parte de lo utilizado para computar la fórmula del 9.6% que recibe la UPR de los recaudos del ELA.

Ambas propuestas aunque positivas resultan insuficientes. Su impacto se reduce ante la actitud bravucona de la Junta de Síndicos y la gerencia universitaria que han advertido a los estudiantes que la cuota va y punto. Es asombroso cómo en vez de aumentar las alternativas, los administradores de turno cierran las posibilidades de diálogo. A esto se unen las expresiones violentas del Secretario de la Gobernación llamando a sacar a “patadas” a los profesores y estudiantes “izquierdosos”.

Un pequeño sector del estudiantado parece estar obsesionado con la huelga, demostrando así la misma intransigencia que critican en los administradores. Tal fijación tendrá el efecto indeseado de colaborar con el proyecto de destrucción universitaria que impulsa este gobierno. La Fortaleza ve la Universidad como un reducto de oposición al proyecto anexionista. Por eso Rodríguez Ema propone sin tapujos su estrategia de “bulldozer” que arrase con todo lo que no les complazca. Una huelga en este momento sería la mejor excusa para perpetrar el plan. Los universitarios debemos ser cautelosos ante tanta sinrazón.

Por su parte, la Junta de Síndicos tiene que actuar con sensatez para ir reestableciendo la confianza perdida. El cierre universitario tendrá consecuencias nefastas para el futuro de la Universidad y de Puerto Rico que la Junta viene obligada a proteger. La Legislatura debe intervenir inmediatamente para procurar que se alleguen a la UPR los recursos fiscales que resuelvan este tranque. De lo contrario el pueblo los juzgará severamente como liquidadores del mejor proyecto colectivo de nuestra historia.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Nuevo partido en Puerto Rico

Coraje + frustración = derrota

La semana pasada, los electores norteamericanos enviaron un mensaje contundente al presidente Barack Obama. Los resultados de las elecciones congresionales demuestran que los estadounidenses no están satisfechos con las políticas de su administración para reactivar la maltrecha economía. Los votantes pidieron de muy mala forma a Obama que cambie el rumbo.

A partir de enero próximo, los republicanos tendrán una ventaja de 55 escaños en la Cámara de Representantes (239-184), mientras que en el Senado, a pesar de que no obtuvieron la mayoría, lograron reducir la ventaja demócrata a 6 escaños (53-47). La escasa mayoría demócrata en el Senado no será suficiente para detener los anunciados esfuerzos obstruccionistas de sus rivales pues se necesitan 60 votos para detener cualquier artimaña parlamentaria. Con toda seguridad la agenda legislativa de Obama se verá detenida en ambas cámaras del Congreso.

¿Por qué la derrota? La incapacidad de la Administración Obama para crear empleos unida a una percepción generalizada de que el Gobierno federal ha crecido desmedidamente, le permitió a los republicanos una victoria amplia, a pesar de que nunca aclararon cómo van a revertir las políticas de Obama. El partido del elefante simplemente capitalizó el coraje y la frustración ante una mala economía.

Después del resultado electoral, el Presidente parece haber entendido las razones para la paliza. En sus primeras expresiones ha reconocido que una supuesta estabilización económica no fue suficiente para contentar a los electores. La insatisfacción de la gente, ante casi un 10% de desempleo, requería medidas audaces para poner la gente a trabajar.

Ahora que no tendrán control del Congreso, los demócratas van a depender de la astucia de Obama para trabajar en consenso con un Partido Republicano, que ha prometido recortar $100,000 millones en gastos durante 2011. Si bien es cierto que será imposible para los republicanos derogar legislación como la reforma de salud, harán lo posible por no aprobarle un presupuesto al Presidente para asfixiar su agenda.

Ante esto, Obama tiene dos opciones: intentar un entendido a medio camino con los envalentonados republicanos o continuar con su agenda y apostar al tranque para responsabilizar a los republicanos del fracaso. Al fin y al cabo, la estrategia republicana para crear empleos suena igual de descabellada que la reactivación económica pretendida por Luis Fortuño con la reforma contributiva.

Según Eric Cantor, nuevo portavoz de la mayoría en la Cámara federal, la propuesta republicana se fundamenta en reducir los impuestos y las regulaciones gubernamentales al sector privado para promover una expansión del empleo. Esto le añadirá $4 billones a la deuda de Estados Unidos, más cientos de miles de millones de dólares en pago de intereses. Tal endeudamiento reducirá significativamente las posibilidades de una recuperación económica en los próximos dos años. Desde ahora podemos adelantar que el tema principal de la elección presidencial de 2012 será la economía y los empleos.

En Puerto Rico, el nuevo panorama de Washington complica las cosas para la Administración Fortuño. Los recortes presupuestarios que lograrán los republicanos afectarán la implementación del programa insignia del PNP, Mi Salud. Ahora será más difícil conseguir la paridad. Además, una mayoría conservadora en el Congreso aleja vertiginosamente la posibilidad de que se discuta siquiera someramente el status político de Puerto Rico. Para el comisionado residente vienen días aciagos, ya que la isla no tendrá prioridad alguna en la nueva agenda congresional.

No vendría mal para los políticos del PNP entender y aplicar en su contexto las lecciones aprendidas de mala manera por Obama el pasado 2 noviembre. Primero, en política, percepción es realidad. De nada sirve repetir estribillos publicitarios autocomplacientes, si en la calle la gente percibe una realidad distinta. Segundo, una economía debilitada, que no produce nuevos empleos, siempre conduce a una derrota electoral. Mientras, el PPD no debe enfocarse exclusivamente en capitalizar un voto de castigo. Porque como la historia está a punto de demostrar en Estados Unidos, ganar el poder político es mucho más fácil que producir soluciones para las frustraciones que generan los tiempos de crisis.