El análisis político, así como cualquier otro ejercicio del conocimiento, parte de la combinación adecuada de datos precisos, detalles históricos y sentido común. Hace varios meses, confrontado ante la pregunta de un grupo de mis estudiantes sobre quién ganaría la primaria a la gobernación del PNP, contesté sin vacilar que Luis Fortuño. Era evidente que Fortuño combinaba varias cualidades que le hacían ganador: cara nueva ante el desgaste de Pedro Rosselló, un discurso de cambio, el respaldo de alcaldes y líderes poderosos, la confabulación de la maquinaria rossellista en su contra y el hambre de triunfo del PNP.
Desde el principio Luis Fortuño tenía las de ganar y hay que decir que su comportamiento como candidato fue ejemplar. Se mantuvo enfocado en su discurso de cambio y esperanza. Atacó con la fuerza necesaria cuándo era seguro hacerlo y dio la impresión desde el comienzo de una extraña fragilidad que los electores PNP en busca de cambio, con la ayuda de los medios, convirtieron en apoyo contundente.
Además, de que el respaldo es amplio en casi todos los sectores que forman en PNP, Fortuño sabe que existe en el país un cúmulo de frustraciones contra nuestra clase política en un electorado hastiado del tranque del gobierno dividido. Esta es la clave para atraer votantes de afuera del PNP, que son necesarios para ganar en noviembre. Por eso, valiéndose del efectivo argumento de la alianza PPD-separatista y del discurso esperanzador de que “esto tiene que cambiar”, apeló con éxito a los votos populares algunos de los cuáles acudieron a esa primaria para asegurase una puerta abierta en las elecciones. En esto también le ayudó el inmenso deseo dentro y fuera de su partido de retirar a Pedro Rosselló. El resultado fue lo que desde un principio era obvio: una fácil victoria del Comisionado Residente.
No debe desatenderse pues, el alcance de la poderosa retórica del cambio. Fortuño no ha dicho y no es necesario que diga en qué consiste el cambio. Cambio es un elemento subjetivo que le permite a cada individuo definirlo de acuerdo a sus circunstancias y necesidades. Por eso, cuándo se utiliza para capturar la imaginación de los electores, resulta más importante describir las condiciones prevalecientes y lograr una conciencia colectiva de ellas. Es decir, hay que crear el convencimiento de que todo está mal y sólo existe una esperanza -un candidato- para cambiarlo. Esto es, el cambio por el cambio mismo.
Pero la retórica del cambio no será suficiente para un triunfo de Fortuño. Ahora comienza la verdadera lucha. El gobernador Aníbal Acevedo Vilá en una muestra suficiente de carácter afrontó a los que por lo bajo comentan que es tiempo de quitarse y dejó claro que peleará hasta el final. Cuatro años de gobierno dividido, una investigación federal en su contra, una recesión económica como consecuencia de los altos precios del petróleo, desatinos decisionales como el IVU, un gabinete poco productivo y una reforma gubernamental natimuerta; son parte del balance con que el Gobernador tendrá que comparecer ante el electorado. Cualquiera en situaciones normales utilizaría el espejismo de la primaria para adjudicar la contienda desde ahora. Sin embargo, la historia y el sentido común indican que Luis Fortuño tiene ante sí una contienda y un contendor formidables.
Haciendo gala de su conocida habilidad estratégica el gobernador Acevedo Vilá ha recogido la retórica del cambio y la ha devuelto escudándose con el argumento de que en estos cuatro años el gobierno dividido no le ha permitido traducir en realidad su agenda de gobierno. Así pues, el incumbente ha terminado prometiendo “cambio verdadero”. Por otra parte, ha enfrentado el descontento contra la imposición del IVU -que él prometió nunca implantar y luego terminó defendiendo en los tribunales- con una muy arriesgada estrategia que propone la derogación de la parte del impuesto correspondiente al Gobierno Central (4%).
Esta propuesta, a pesar de no encontrar eco en casi ningún sector de opinión, constituye -junto al anuncio de aumentos para maestros, policías, empleados bajo negociación de la Ley 45 y jubilados- el mensaje central de la campaña que el PPD presentará a la clase media para tratar de recuperar su apoyo. No será fácil, pero el Gobernador sabe que en Puerto Rico inclusive los pobres se identifican como clase media, siendo ésta última el sector más oprimido de nuestro modelo contributivo. Una propuesta de alivio sustancial a la clase media puede significar el elemento que incline la balanza del creciente grupo de electores no afiliados o desencantados que flotan en la periferia de nuestros partidos políticos.
Pero estas estrategias en realidad dependerán de un segundo factor que está menos relacionado con la racionalidad a la que nos tienen acostumbrados los analistas, economistas y gurús que pueblan nuestros medios de comunicación. Todo dependerá de una variable mucho más elemental: la credibilidad. Las encuestas, sondeos y grupos focales que en los próximos meses realice el PPD, deberán enfocarse en una cuestión fundamental: ¿tiene el Gobernador el suficiente caudal político cómo para hacer frente a la retórica del cambio? En otras palabras, ¿cree la pluralidad de los electores en lo que les dice el Gobernador? Si la respuesta es si -y eso lo deben saber los directivos del PPD que constantemente auscultan el sentir de los electores- entonces Luis Fortuño podría llevarse una sorpresa en noviembre. Si por el contrario la respuesta es negativa, deben los populares medir la posibilidad de recuperar esa credibilidad antes de los comicios.
Aníbal Acevedo Vilá es un gran político y su instintos están entre los más refinados de nuestra historia política reciente. El Gobernador sabe que la viabilidad de una carrera política se reduce a carácter y credibilidad. De lo primero el País sabe que su Gobernador no adolece. En cuanto a lo segundo, debe el PPD hacer en las próximas semanas una evaluación racional, científica y calculada, que les permita hacer un papel tan decoroso como patriótico en noviembre de 2008.
jueves, 20 de marzo de 2008
Cambio, carácter y credibilidad: los próximos siete meses
Publicado por
Ángel R. Rosa
en
12:06:00 a. m.
1 comentarios
viernes, 18 de enero de 2008
No se debe enmendar la Constitución para hacer de la salud un derecho
Por: José M. Saldaña Ex-Presidente de la Universidad de Puerto Rico
En Puerto Rico nos hemos situado en el extremo de los derechos dejando a un lado las responsabilidades. Esto es así a tal grado que en el discurso político se considera contraproducente y hasta políticamente incorrecto enfatizar en las responsabilidades. Constantemente escuchamos a muchos de nuestros conciudadanos exigiendo del gobierno servicios que los consideran derechos cuando la realidad es que no lo son.
¿Es la salud un derecho? Este es un asunto que ha estado en discusión y debate por mucho tiempo. La contestación a esta pregunta esta condicionada por la visión que se tiene del individuo y su papel en la sociedad.
Para nuestra cultura occidental no es hasta los siglos 16 y 17 que los filósofos Europeos- principalmente John Locke -desarrolló el concepto de que las personas poseen ciertos derechos por el solo hecho o la virtud de ser humano.
En el siglo 18 ocurrieron en los Estados Unidos y Francia dos revoluciones que adoptaron los conceptos de derechos humanos postulados por Locke; La declaración de Independencia de los Estados Unidos y la Revolución Francesa. El documento de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, del 4 de julio de 1776 declara que todos los hombres son creados iguales, que son dotados por el creador con ciertos derechos inalienables entre los cuales se incluye el derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad.
La Carta de Derechos que se redacta por James Madison en 1789 constituye las primeras diez enmiendas a la Constitución de los Estados Unidos. Este documento que entra en vigor en 1791 limita los poderes del gobierno federal y establece y garantiza los derechos de todos los ciudadanos. Estos son libertad de expresión, de prensa, religión, el derecho de tener y usar armas, libertad de reunión, libertad de ser registrado, de ser sometido a castigo cruel e inusitado y el derecho a no auto incriminarse. En ningún lugar aparece el derecho a la salud. Ni en la Constitución de los Estados Unidos, ni en la Carta de Derechos se establece la salud como un derecho. De igual manera ocurre con la Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico aprobada en 1952.
No es sino hasta mediados del siglo 20 que el derecho a la salud se afirma por primera vez a nivel internacional en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre adoptada por La Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948. En el artículo 25 de este documento se señala que todos tenemos el derecho a un estándar de vida adecuado para la salud y el bienestar propio y de su familia. El Preámbulo de la constitución de la OMS afirma que es uno de los derechos fundamentales de cada ser humano “disfrutar del mayor estado de salud alcanzable”. Posteriormente en el 1966 la ONU expandió respecto al derecho a la salud específicamente, reclamando para que se proveyera para la reducción de la mortalidad infantil y para el desarrollo saludable del niño; el mejoramiento de todos los aspectos de salud ambiental e higiene industrial; la prevención , tratamiento y control de condiciones epidémicas, endémicas, ocupacionales así como para la creación de las condiciones que garanticen para todos atención y servicios médicos en la eventualidad de enfermarse.
Como vemos el “derecho a la salud” lo que constituye es derecho a disponibilidad y acceso a los mejores servicios que la ciencia y la tecnología existente y el Estado tengan disponibles de acuerdo a su realidad fiscal y de recursos humanos. Incluye además disponibilidad y acceso a servicios preventivos, de saneamiento del ambiente así como a salud mental y ocupacional.
Asumir que hay un derecho a la salud o a ser saludable presupone que existe en la sociedad un suplido de salud guardado que el Estado les puede proveer a los individuos según se requiera o demande por ellos. La salud de un individuo esta condicionada por una serie de determinantes algunas de las cuales están fuera del control del individuo y de la sociedad. Nacemos con unos genes y en un ambiente que en gran medida determinan cuan saludables seremos. Estas variables se pueden modificar pero no cambiar sustancialmente. Existe un consenso entre la gran mayoría de los salubristas de que el Estado puede proteger al individuo de muchos males, pero el cultivo de la salud, es mayormente un asunto individual. El individuo tiene la prerrogativa y libertad de fumar o no, de ingerir o no licor en exceso, de comer en exceso sustancias de pobre valor nutricional e incurrir en obesidad, de hacer o no hacer ejercicio en fin, de incurrir en estilos de vida que representan riesgos para la salud.
Uno de los grandes retos de todos los tiempos ha sido encontrar el balance adecuado entre la responsabilidad individual y la responsabilidad colectiva o social. De acuerdo a Víctor Fuchs Si enfatizamos mucho lo primero nos acercamos a vivir en la jungla – con toda la libertad posible pero también con toda la inseguridad característica de la jungla. Si por el contrario sobre enfatizamos lo segundo – la responsabilidad colectiva- adquirimos seguridad pero puede ser la seguridad que existe en el zoológico; seguridad lograda a expensas de la libertad.
Durante todo el siglo 19 en los EU se idealizo el concepto de responsabilidad individual. Se dejo al individuo a su suerte “laissez faire”. Se llegó al extremo de rehusar admitir que la sociedad tenía alguna responsabilidad por las causas de los males individuales. Hubo gran progreso pero también grandes injusticias e inequidades que era necesario corregir. Durante el siglo 20- tratando de corregir esas injusticias e inequidades- el péndulo se movió para el lado contrario- la responsabilidad colectiva. Llegándose por amplios sectores intelectuales al extremo de rehusar admitir que el individuo tiene responsabilidad alguna por las causas de sus males. La sociedad para ellos es la causante de los males del individuo, eximiéndose a este por responsabilidad alguna respecto a su condición.
En nuestro país ya llego el momento en que tiremos la línea. Es de la mayor urgencia para la convivencia social y para nuestro desarrollo socioeconómico, lograr el balance adecuado entre la responsabilidad individual y la colectiva.
Si no enfatizamos en el concepto de responsabilidad individual, no hay sistema de servicios de salud que pueda ser costeado con personas que irresponsablemente incurren en estilos de vida que eventualmente resultan en condiciones desastrosas para su salud. Estas van a requerir las más costosas tecnologías en las instalaciones más costosas por el mayor número de tiempo. No hay país que pueda absorber los costos de la irresponsabilidad individual ni en la salud ni en la educación. Tampoco es justo pretender que una minoría que contribuye al erario 34% contribuya aun más a los servicios de salud de un 66% si este grupo por su irresponsabilidad los encarece.
Enmendar nuestra Constitución para hacer de la salud un derecho lo que haría sería crear en el país una mayor expectativa de que la responsabilidad por la salud no es asunto de la persona sino del Estado. Esto con el concebido incremento en la dependencia y el menoscabo de la responsabilidad ciudadana.
Publicado por
Ángel R. Rosa
en
8:38:00 a. m.
0
comentarios
jueves, 17 de enero de 2008
De alianzas y otras malignidades separatistas
¿De qué trata la maligna sociedad PPD-separatista denunciada por Fortuño? Según nos cuenta en un muy sagaz comercial televisivo, el PPD y el gobernador Acevedo Vilá se traen una jugarreta con los sectores “separatistas” para rechazar todo lo que sea norteamericano y así alejarnos del camino de la unión permanente, únicamente posible bajo la estadidad. Mientras nos inculca el terror de su mensaje, nos presenta visuales de las más álgidas protestas que se han suscitado durante este cuatrienio.
Fortuño no ha logrado establecerse dentro de su partido cómo el portaestandarte de la estadidad federada. Aún los más benévolos sondeos indican que el corazón del rollo del PNP, reconoce y considera cómo primera fortaleza de Pedro Rosselló su denodada entrega a la causa anexionista. Así que, ante un presidente del PNP que no se expresa directamente sobre casi ningún asunto y que no escatima en utilizar la maquinaria a su disposición para sacar ventaja individual, Fortuño ha recurrido al miedo.
No es nuevo el uso del miedo cómo herramienta poderosa en nuestra política. Recordemos las denuncias del PNP a finales de la década de 1970, sobre una supuesta conspiración separatista entre Rafael Hernández Colón y el gobierno comunista de Cuba. Llegaron hasta el punto de denunciar transmisiones de la radio oficial cubana a favor de los populares. Luego en 1988, Baltasar Corrada del Río utilizó la imagen televisiva de la bandera norteamericana arriada, mientras se escuchaba el toque de queda, para denunciar las supuestas intensiones separatistas de Hernández Colón y los favorecedores de la república asociada. El efecto fue tal que lograron convertir una ventaja de casi 75 mil votos en una de 50 mil.
El PPD también ha usado el miedo. Recordemos el uso de los impuestos federales bajo la estadidad cómo herramienta más fuerte contra esa fórmula de estatus. En 2004, la herramienta de miedo de los populares fue el impuesto sobre las ventas y funcionó. Sólo, que la historia se encargará de adscribirle al PPD la mitad de la responsabilidad por el IVU.
Fortuño necesita del miedo. Con su nuevo discurso ha perdido la oportunidad de hacerle propuestas serias y contundentes al País. El silencio de Rosselló lo tiene haciendo comentarios y propuestas inconsecuentes. Peor aún, nadie piensa que Fortuño significa estadidad. Esta nueva vertiente en su campaña está dirigida por tanto, no sólo a penepés y defensores de la estadidad sino a los populares conservadores –que son muchos- a los que ha venido cortejando, cómo si fueran necesarios para poder ganar su primaria.
Mientras, el PPD languidece sin un proyecto ideológico definido. El partido del estado libre asociado, pareciera que ya no sabe defenderlo. Hablan de autonomía cómo si se tratase de algo en el abstracto y han perdido la oportunidad de desarrollar un proyecto de educación ideológica para líderes y nuevas generaciones. El colmo lo plantean los independentistas que militan en el PPD que a falta de un proyecto electoral viable para su ideal pretenden utilizar la fuerza del viejo partido de Muñoz para defenderlo. ¡Hasta un alcalde popular se ha proclamado independentista! Otros no son tan directos, pero siendo líderes del partido estadolibrista, no tienen nada bueno que decir del ELA. La inercia ideológica del PPD es el alimento de la demagogia fortuñista. No se duerma el partido de Puerta de Tierra que en Puerto Rico el miedo, aunque nefasto para la psiquis colectiva, funciona.
Publicado por
Ángel R. Rosa
en
11:32:00 p. m.
0
comentarios
miércoles, 26 de diciembre de 2007
El año que se va
El 2007 es el tercer año de esta experiencia de gobierno compartido, que gracias a las intransigencias de nuestro tiempo, se ha convertido en gobierno dividido. Atrás quedaron el trauma del cierre gubernamental y el desconocimiento del mandato de unicameralidad en 2005 y la aprobación del indeseado IVU en 2006. El 2007, cómo para añadir insulto al agravio ha sido el año de la investigación federal contra el gobernador Acevedo Vilá, que ha logrado desviar el foco de lo que debiera ser la atención única de gobernante y gobernados, el País. Mientras las autoridades federales no tienen problema en demostrar su supremacía dentro de la relación de estado libre asociado, el Partido Popular oscila, sin orientación ideológica entre la decepción por la intentona contra un Gobernador determinado a salvar su gestión política y la interrogante eterna de si nos conviene que los federales manden y, claro está, paguen muchas cosas.
Este ha sido también año de creciente ingobernabilidad. Ante la incapacidad del estado, incluyendo la Legislatura, de canalizar con cierto grado de conformismo, las frustraciones que sentimos cuándo no logramos nuestras aspiraciones, cada cual se siente libre de procurar su bienestar sin importarle recurrir a la ilegalidad. Estas actitudes tan arraigadas en el País por la pasada década y media nos regalaron la triste confrontación violenta en Paseo Caribe como inicio de un convulso mes de diciembre. Esto, sin referirnos a la empecinada pero aún no materializada huelga de maestros.
Cómo si el plato principal no fuera casi indigerible, en lo que constituye la culminación de un cuatrienio plagado por la pereza y el sabotaje legislativo, el liderato de la Cámara de Representantes ha bloqueado sin ninguna razón la mayor parte del paquete de medidas de estimulo económico que presentó el Gobernador en dos sesiones extraordinarias. La estrategia es clara; matar por inacción toda legislación que pueda iniciar una recuperación económica. Poco les importa llevarse de por medio medidas tan necesarias como la sala de trauma de Mayagüez. Con esto creen garantizar el fracaso de la administración Acevedo Vilá, aunque la peor parte la lleve el País.
A esto se añade el vencimiento de la Ley de Incentivos Industriales y el penoso ejercicio de sustituirla. El Presidente de la Cámara de Representantes, desoyendo clamores de importantes sectores industriales y de inversión, se empeñó en radicar un proyecto que era el producto de una evidente falta de consenso. El planteamiento principal de los que se benefician de estos incentivos, --valga decir que son también los que arriesgan su capital-- era que no se les tomó en cuenta. Cuando el consenso era extender la vigencia de la ley actual, la mayoría legislativa quiso hacer lo que a penas ha logrado durante todo el cuatrienio, legislar. Al final hubo que extender la vigencia de la ley de 1997 habiéndose provocado innecesariamente un clima de inestabilidad empresarial muy peligroso para nuestro desarrollo económico.
Finalmente, hace unas semanas hemos visto al liderato del Senado admitir sin ningún pudor que ante una nueva y lamentable baja en el Tribunal Supremo, sus esfuerzos estarán concentrados en bloquear cualquier nominación del Ejecutivo, para así lograr el tan anhelado balance, que es más bien control ideológico de esa institución. Algunos legisladores dan la impresión de estar tan seguros del respaldo electoral que poco les importa burlarse de la voluntad del pueblo. En eso Hugo Chávez les dio una lección de civismo democrático aunque todavía esté por verse lo genuino de su respuesta ante la derrota en el referéndum para la reforma constitucional en la hermana república venezolana.
El pueblo de Puerto Rico debe estar atento a los desmanes que produce el exceso de confianza de una clase política constituida en partidocracia. Nuestros políticos pueden y deben ver ajustadas sus cuentas en el proceso primarista de marzo y en las elecciones generales de 2008. Es tiempo de exigir con nuestro voto y militancia respeto a la democracia y a las verdaderas necesidades del pueblo, sin importar colores y preferencias. Aunque no sucediera nada más esa sería suficiente agenda para el año que está por comenzar. Nada es más importante en estos momentos que la madurez y la sensatez del pueblo que toma conciencia de sus realidades y está dispuesto a moverse hacia las soluciones partiendo desde lo más elemental en una democracia; el voto.
Si bien el recuento de 2007 parecería dejarnos sin esperanzas, nos queda tiempo y debemos tener la determinación de ir forjando en el año que está por comenzar un verdadero proyecto puertorriqueño. ¡Feliz y Próspero 2008!
Publicado por
Ángel R. Rosa
en
9:36:00 p. m.
1 comentarios
domingo, 23 de diciembre de 2007
Mensaje del Editor
Bienvenidos al blog de análisis crítico de la actualidad política puertorriqueña. Al inicio del año electoral esperamos que este espacio sirva para la discusión seria y respetuosa de la realidad del País. El choque de ideas y opiniones debe resultar en un mejor acercamiento de los lectores al ejercicio democrático de noviembre próximo.
Publicado por
Ángel R. Rosa
en
5:09:00 p. m.
2
comentarios